Hemos llegado a esto. Una tormenta perfecta de condiciones, combinándose para crear la situación deplorable en la cual nos encontramos.
Décadas de dejadez y descuido de las infraestructuras vitales para nuestra supervivencia: el agua, y la energía eléctrica. Décadas de gobiernos ineptos y corruptos, avalados por generaciones de votantes ignorantes, a quienes se les desvía fácilmente con jueguitos de política.
Añádanle los eventos atmosféricos que han exacerbado estos problemas: el huracán María en el 2017, y la sequía de este año.
Todo se ha combinado para hacer de Puerto Rico un sitio difícil para vivir, con condiciones infrahumanas, peores que las de otros países tercermundistas (como el nuestro).
Parto de la premisa que TODOS nosotros, independientemente de ideologías políticas, queremos lo mejor para nuestra isla. Partiendo de ahí, no miremos hacia atrás, sino hacia delante.
Sin temor a equivocarme, presumo que todos estaríamos de acuerdo que hacen falta cambios a gran escala en Puerto Rico. Que nada es intocable, y que no existen “vacas sagradas” en estos momentos.
En mi opinión muy personal, los partidos políticos en Puerto Rico se han tornado inservibles. Escribí sobre esto en mi blog en el 2019 (“¡Desmantelen el PNP y el PPD!”). Escribí en el 2020 como aquí la gente no sabe votar (“¿Cómo Decides Cómo Votar?”).
¿Qué nos impide desbandar el PNP y el PPD, y comenzar de nuevo con partidos con plataformas de mejora social? ¿Qué plataformas sociales tienen el PNP y el PPD ahora mismo que los difiere uno del otro? ¿Por qué seguimos aceptando las campañas de miedo sobre el comunismo que estos partidos les gusta utilizar?
Con esto no estoy avalando al PIP. Para mí es otro partido más, representando un estatus político que #1, no va a suceder en el futuro cercano. Número dos, no ayuda a resolver los problemas inmediatos del país.
Debe ya ser de conocimiento público que en Puerto Rico se pierde el 60 por ciento del agua potable procesada por la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA). En comparación, países como Japón pierden un 10 por ciento. En Alemania, Holanda y Dinamarca está entre un 5 y un 10 por ciento.
A diferencia de lugares donde también hay crisis de agua, como los estados de Arizona y Nevada, Puerto Rico no tiene por qué tener escasez de agua. Somos una isla tropical pequeña, rodeada por el mar. En general recibimos entre 40 a 80 pulgadas de lluvia al año, algunas áreas más, otras áreas menos.
Tenemos acuíferos naturales y otros sistemas hidrológicos que nos suplen inmensas cantidades de almacenamiento de agua. En fin, es donde MENOS debería haber crisis de agua.
Pero no “subestimemos” al ser humano en Puerto Rico. Embalses sin dragar… sistemas de distribución en el abandono y sin mantenimiento ninguno… falta de recursos para atender los salideros y otras pérdidas de agua. Muchos millones de dólares desperdiciados en equipo dejado a la pudrición, y proyectos que nunca se realizan.
Mientras tanto, los políticos halan los cordones de los votantes, quienes se ponen a pelear “PNP vs PPD.” A veces creo que puedo preguntarle a alguien en la calle si va a llover, y me contestará… “¡AHH… eso es culpa del PNP!!”
Pero dije que íbamos a mirar hacia el frente.
La solución no tiene que ser una sola cosa. No es SOLO desalinizar el agua de mar. No es SOLO ir ahora corriendo a prometer que vamos a arreglar todos los liqueos de agua rápidamente. No es SOLO hacer un “dragueo” símbolo, tardío, e inefectivo (con retratos de la gobernadora con un capacete “dirigiendo la obra”). No es SOLO invertir en medidas de conservación de agua y mejoramiento a la infraestructura.
Es TODO lo anterior. Sin política. Sin apuntar dedos. Sino reconociendo que la crisis de agua va a tener un impacto severo en la salud del pueblo de Puerto Rico. Impacto que lo tendrá que absorber los médicos de la isla… ohh… que a propósito están emigrando del país porque quieren vivir en sitios sin condiciones infrahumanas.
Me pasé de mi tiempo, y nadie va a leer esta novela. Pero concluyo con decir que el primer paso para todo esto es el empezar desde cero y dejar la dichosa política a un lado. Nuestra supervivencia está en juego.